Luis Buñuel fue un cineasta salvaje, inteligente y provocador, capaz de transformar lo cotidiano en algo inquietante y fascinante. Uno de los cineastas españoles más peculiares e influyentes de todos los tiempos.
Nacido en España y luego activo en México y Francia, rompió las reglas del cine clásico para explorar el mundo de los sueños, el deseo y la hipocresía social.
Un chico diferente
Nació en Calanda, Teruel, en 1900 en el seno de una familia adinerada. Cuando tenía tres años se mudó a Zaragoza donde daba funciones con un teatrillo y espectáculos de sombras chinescas. Creció y se convirtió en un adolescente muy particular: iba al teatro y la ópera, tocaba el violín y era un apasionado de los insectos.
A los 17 años se trasladó a Madrid para estudiar y se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Salvador Dalí, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Esas amistades le cambiaron la vida: empezó a hacer puestas en escena, escribir poemas, seguir el dadaísmo, etc.
Buñuel y el cine
Todo empezó cuando en 1929 dirigió Un perro andaluz junto a Dalí; un cortometraje surrealista con una sucesión de imágenes impactantes —ojos, navajas, insectos— que solo siguen la lógica de sueños.
Buñuel odiaba la hipocresía de la sociedad burguesa y la iglesia, y lo muestra en La edad de oro o Viridiana. En Viridiana, una monja intenta ayudar a los pobres, pero su caridad se vuelve grotesca y absurda. Fue tan polémica que fue prohibida en España durante años. Buñuel no condena por sistema; revela cómo lo noble puede volverse sin sentido cuando se mezcla con orgullo o ignorancia.
En México encontró libertad creativa y una nueva forma de contar historias, ahí explora su lado más humano; como en Los olvidados, donde muestra la pobreza, la violencia y la infancia en los barrios marginales de México. Sus personajes no son monstruos ni santos: son personas atrapadas por circunstancias injustas.
126º aniversario de su nacimiento
Después de 126 años las imágenes de Buñuel siguen siendo directas, crueles e impactantes, con un gran pulso humano. Buñuel no hizo cine para entretener, hizo cine para inquietar y preguntarse:¿Qué es real? ¿Qué estamos dispuestos a creer? ¿Quién decide lo que es moral?
Si te gustan los misterios psicológicos, los finales inesperados y las imágenes que persisten en la cabeza, sus películas son un must. No esperes respuestas fáciles; te enseñará a mirar desde otra perspectiva.